Hoy compartimos un artículo escrito por servidor para el número 8 de EHD magazine. 

EL SÍNDROME DE LA AUSENCIA DE PRESENCIA

Escribo este artículo inspirado por un caso que tuve ayer. Un cliente nuevo que venía a Kinesiología y cuyo principal motivo de consulta era mejorar su descanso nocturno ya que tenía problemas para conciliar el sueño y una vez que lo conseguía, eran muy pocas las horas que dormía y se despertaba cansado y con sueño.

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Al ser una primera consulta le hice un testeo general. Es habitual en casos de insomnio que el cuerpo nos muestre algún desequilibrio en glándula pineal, encargada entre otras cosas de segregar la melatonina que es una hormona necesaria para poder dormir. En su caso la glándula pineal no nos mostraba desequilibrio, como tampoco la hipófisis, otra candidata habitual por ser la glándula que manda sobre las demás y relaciona directamente el sistema nervioso con el endocrino. Sí aparecieron muchos desequilibrios estructurales que hubo que corregir como duramadre revirada, cadera anteriorizada, una subluxación vertebral, una fijación...

Al entrar a testear una posible ayuda emocional, el cuerpo eligió una flor de Bach: Honeysuckle (Madreselva). Esta flor nos dio la clave para encontrar cuál estaba siendo su mayor impedimento para relajarse y dormir: la falta de presencia.

Los seres humanos poseemos multitud de órganos en nuestro cuerpo, todos ellos muy útiles y necesarios entre los cuales se encuentra nuestro cerebro. Aunque este órgano está muy evolucionado en nuestra especie y nos sirve para muchísimas cosas, también puede ser un gran causante de estrés si no lo usamos de forma correcta.

Cuando somos bebés somos pura presencia. Pasamos cada segundo devorando sensaciones con nuestros sentidos: descubriendo sonidos, sabores nuevos, colores, texturas… Reaccionamos de forma inmediata a los estímulos del aquí y ahora. Me hacen una carantoña y sonrío; me hago caquita en los pañales, me desagrada la sensación y lloro; descubro el fuego de una chimenea y me quedo observando hipnotizado por la gama de tonalidades y el movimiento de las llamas, y así todo el día.

Transcurridos los primeros años de nuestra infancia vamos desarrollando nuestro ego y junto con él, las primeras heridas del mismo. Como no nos gusta sufrir desarrollamos una serie de patrones de comportamiento que creemos que nos van a evitar este sufrimiento. Pasamos de ser pura presencia o presencia pura a ser pensamiento e identificarnos con él.

Mi opinión es que pasamos demasiado tiempo dándole vueltas a la cabeza, pensando en el pasado y recordando situaciones que ya no están o tratando de adelantarnos a los hechos futuros para tenerlo todo controlado o para vivir en el «algún día». Algún día seré perfect@. Algún día seré rico. Algún día me querrán.

La consecuencia de esta sobreactividad cerebral es el estrés y sus múltiples manifestaciones en forma de desórdenes y desequilibrios en nuestro cuerpo.

¿CÓMO SOLUCIONAR ESTO?

Para mi la clave está en la presencia. Es la llave que nos permite vivir en el aquí y ahora, el presente, que es lo único que existe. Nuestro gran aliado para conseguirlo es nuestro cuerpo con todos sus sentidos. En el momento presente tenemos millones de datos en los que poner la atención.

En un paseo por el campo, por ejemplo, podemos ir como siempre pensando en nuestras cosas o podemos poner plena atención en ese árbol que nos llama la atención, en el olor que desprenden esas flores y acercarnos a disfrutarlo de cerca, en el canto de un pájaro y cómo otro le responde, en la sensación que nos está produciendo el sol en nuestra piel, en cómo está nuestra respiración y así podría estar nombrando una lista infinita de detalles que hacen desaparecer momentáneamente nuestro ego y convertirnos en todo lo que estamos observando y haciendo de este paseo una experiencia sublime.
Esta actividad es realmente sanadora y es una de las claves más importantes para recobrar el equilibrio.

Cualquier actividad que realicemos se puede convertir en meditación si ponemos presencia en ello. Te invito a que trates de poner más presencia en tu vida y observar los resultados. Obsérvate y cada vez que te des cuenta de tu ausencia aprovecha para conectar con los matices del aquí y ahora, los que más te apetezcan. Disfruta del presente como cuando eras bebé. Esto te traerá mucha paz y equilibrio. Si crees que te es difícil lograr esto es un indicativo de que lo necesitas mucho y te vendrá muy bien hacerlo. Empieza por pequeños momentos y se constante. No me creas, pruébalo.

Quiero acabar este artículo con una frase de John Lennon que me encanta:

«La vida es aquello que te pasa mientras estás haciendo otros planes».

Feliz presencia.


Autor: Guy Gómez Álvarez
Kinesiólogo, Sonoterapeuta, músico profesional, Restaurador Bioenergético, Facilitador de grupos.
Teléfono: 630 969 410
Mail: guy@afinateconlavida.es
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